La matemática como materia prima de la 4ª Revolución Industrial

  • La Cuarta Revolución Industrial consiste en la combinación del desarrollo de la robótica con los avances matemáticos sobre Inteligencia Artificial. Esta revolución impactará en la economía, la industria y el empleo en todos los países del planeta. Consiste en el desarrollo de avances en nanotecnología, informática cuántica, biotecnología, Internet de las cosas, impresión tridimensional, almacenamiento de energía y vehículos autónomos o no tripulados. Sus efectos no se distribuirán equitativamente entre las naciones, pues quedarán influidas negativamente las que tengan peor instrucción pero positivamente para aquellos países que sepan adaptarse desde los años de formación primaria a lo cambios y avances futuros.

     

     

    El término 'Cuarta Revolución' apareció por primera vez en 1993 en el libro Preparándose para el Siglo 21 (Preparing For The Twenty-First Century) del historiador y politólogo británico Paul Kennedy, enpara referirse al avance de la robótica. Después el término cayó en el olvido hasta que volvió a ser puesto en sobre la mesa a partir del 2007 gracias a una serie de trabajos publicados por el economista estadounidense Jeremy Rifkin. Pero ha sido el académico alemán Claus Schwab (fundador y presidente ejecutivo del World Economic Forum) en su libro 'La Cuarta Revolución Industrial' quien más ha incidido en señalar que una de las diferencias de esta revolución con las precedentes (que se caracterizaron principalmente por avances de tipo tecnológico) será su potencial para optimizar mediante algoritmos matemáticos los procesos productivos hasta el extremo de afectar con mucha fuerza al mercado laborar.

     

    1. La Primera Revolución Industrial aparece con la máquina de vapor y abarca los años 1760-1840. Las materias primas que la definen son el carbón y el acero, con toda la economía funcionando sobre un sistema monetario basado en la plata.
    2. La Segunda Revolución Industrial está definida por la expansión del ferrocarril y durante los años 1840-1920. Las materias primas que la definen son el proceso de electrificación y el cobre, con toda la economía funcionando sobre un sistema monetario basado en el oro.
    3. La Tercera Revolución Industrial se desarrolla mediante la industria del automóvil y ocupa los años 1920-2000. Las materias primas básicas son el petróleo y el plástico, con la economía mundial asentada sobre el papel moneda (dólar).
    4. La Cuarta Revolución Industrial aparece con la Inteligencia Artificial, que viene a ser la mezcla de Informática más Internet. Arranca con la explosión de la burbuja 'punto como' en el 2000 y podría durar otros ochenta años, hasta el 2080. Las 'materias primas' definitorias serán la energía solar y los datos, con todos los sistemas monetarios digitalizados sobre tecnología blockchain o similar.

     

    La matemática como materia prima de la Cuarta Revolución Industrial

     

    Las llamadas industrias 4.0 son empresas que, conscientes de los nuevos retos, se encuentran inmersas en una transformación sin precedentes: combinar la digitalización de sus procesos con el uso de algoritmos para identificar tendencias y comportamientos; tomar decisiones más sólidas; optimizar sus procesos, productos, stocks y servicios; y mejorar la calidad de sus productos, sin perder de vista el compromiso de reducir costes. Su objetivo final es promover una innovación más competitiva y de alto valor añadido, y así garantizar el valor futuro de la empresa. Y todo eso gracias a los números.

     

    No importa cuál sea el tamaño de la compañía ni el sector –biomedicina, banca, logística, análisis de riesgos, seguridad, comercio, distribución, energía, transporte...– para utilizar tecnologías como el análisis masivo de datos, la estadística analítica, la simulación numérica, o la optimización de procesos para mejorar sus servicios actuales o poner en marcha otros nuevos. Aunque de forma sigilosa, la simulación numérica, la estadística y la optimización están prácticamente detrás de cada paso dado en esa dirección.

     

    No solo se trata de incorporar algoritmos en procesos internos sino que sean robustos, eficientes y rápidos. Actualmente es fácil adquirir excelentes infraestructuras de computación o acceder a estos servicios externamente, pero solo incorporando los algoritmos más avanzados se logra un modelo de negocio de éxito y con futuro. Con estos avances tecnológicos, los ciclos de innovación son cada vez más cortos, permitiendo en un año un salto innovador que antes requería varias décadas. Unas cifras que deberían hacer recapacitar a las industrias que todavía no han incorporado las matemáticas a toda su estructura. Porque ellas serán la clave de su supervivencia y éxito ante sus competidoras.

     

    Varios informes señalan el significativo impacto de las matemáticas en empleo y valor añadido. Uno estima que 2,8 millones de empleos del Reino Unido, el 9% del total, usan habilidades matemáticas, y cifra en 208.000 millones de libras su contribución al PIB (un 16%). Cifras corroboradas por otro reciente estudio en Francia, que estima su impacto en un 15% del PIB francés y el 9% del empleo total.

     

    Muchas de las tecnologías matemáticas emergentes, como el big data, el machine learning o la MSO (Modelización, Simulación y Optimización) ya existían, pero la creciente capacidad computacional les ha dado un gran empujón. También ha sido determinante la labor que se ha hecho para acercar las matemáticas a la sociedad en general, y a la empresa, en particular. Los matemáticos han pasado de dedicarse, casi exclusivamente, a la investigación clásica y a la docencia, a ser reclamados por empresas de todo tipo y tamaño para subirse al tren de la nueva revolución. Por eso, Matemáticas ha pasado de estar entre las carreras menos demandadas a convertirse en la más reclamada (hoy, la doble titulación en Física y Matemáticas exige una nota de 13,66 sobre 14).

     

    El mercado laboral va a cambiar radicalmente

     

    La próxima gran reforma laboral podría estar impulsada por el avance de la cuarta revolución industrial. La digitalización ya está presente en casi la totalidad de los procesos productivos, la nueva economía colaborativa ha cambiado las relaciones laborales sin apenas darnos cuenta y la robotización se ha colado en las líneas de producción para quedarse. La denominada cuarta revolución industrial está cambiando el mercado laboral tal y como lo conocemos, lo que pone en jaque la legislación actual y amenaza los derechos de los trabajadores.

     

    Los expertos lo tienen claro: el mercado laboral tendrá que enfrentarse en los próximos años a una transición “dura” motivada por la robotización y la digitalización de las tareas, y el cambio traerá consigo una destrucción de empleo primero y una transformación después. Estudios recientes abonan la tesis de que cerca del 55% de los actuales puestos de trabajo son susceptibles de ser automatizados, pero sea cual sea la estimación que se realice, todo apunta a que la configuración de los nuevos empleos que puedan crearse -250.000 nuevos en España, según los últimos datos de CEOE- va a cambiar. 

     

    De la nueva legislación que se impulse en los próximos años y su capacidad para adaptarse al nuevo escenario dependerá que a largo plazo se produzca un avance neto en términos globales de crecimiento económico, productividad y generación de empleo o todo lo contrario. Así lo expresó recientemente el presidente del comité de expertos del Gobierno para reformar la Administración, Jordi Sevilla, en el congreso DigitalES Summit celebrado en Madrid: “El cambio digital es una realidad, lo que todavía no tenemos es una política pública para encajar sus impactos sobre el trabajo y la educación”.

     

    Los retos del futuro

     

    Y es que la velocidad vertiginosa de estos cambios dificulta la labor del legislador encargado de regularlos. Prueba de ello es que a finales del 2017, siete de las ocho empresas de mayor valor en el mundo ya eran tecnológicas; compañías de publicidad por internet como Google o Facebook valían veinte veces más que la CBS, principal red de cadenas de televisión de EEUU; y Uber fue valorada en 60.000 millones de dólares, más que el valor de todas las compañías de alquiler de coches juntas.

     

    Y solo es el comienzo: ¿Motivarán los robots la próxima reforma laboral? ¿deberán pagar impuestos y cotizar a la Seguridad Social? ¿tendrá sentido el derecho a huelga? ¿Se diluirá la representación sindical con la economía digital? ¿se hará necesario reducir la jornada laboral de 40 horas? ¿la renta básica universal dejará de ser una posibilidad y pasará a ser una obligación?

     

    Según el último informe elaborado por el Consejo Económico y Social de España titulado ‘El futuro del trabajo’, en el terreno de las relaciones laborales son múltiples los aspectos que pueden verse afectados en el contexto de los cambios tecnológicos, entre ellos “la propia identificación de la relación de trabajo asalariado”, y con ella la aplicación de los marcos normativos reguladores del contrato de trabajo. Así como el ejercicio de los poderes empresariales de dirección y control, el lugar y el tiempo de la prestación de trabajo, los salarios, la formación en el empleo, la seguridad y salud en el trabajo, el acceso a la protección social, o, en el plano colectivo, los instrumentos de representación y negociación colectiva.

     

    El atraso de España

     

    El director de Coyuntura y Economía Internacional de Funcas, Raymond Torres, considera que España “va un poco atrasada” respecto a la implementación de medidas que afronten el cambio tecnológico y precisa de una “estrategia global”. Pone el ejemplo de Francia, que ya ha suprimido el sistema específico de los autónomos, dado que “el empleo digital ha borrado la diferencia entre trabajadores por cuenta ajena y propia”. También destaca Finlandia, que se convirtió el año pasado en el primer país del mundo que experimentabacon la renta básica universal; y Alemania, donde millones de trabajadores industriales ya pueden acogerse a una jornada laboral de 28 horas.

     

    De esta cuarta revolución industrial se derivarán otros riesgos, explica Torres, como “la violación de la privacidad en el trabajo y la limitación del derecho a huelga por la extensión de los robots” y “el debilitamiento de la representación sindical por la fragmentación de los procesos”. Por su parte, la secretaria confederal de UGT, Isabel Araque, vislumbra el avance tecnológico como una “oportunidad”, pero también como “germen de nuevas desigualdades”, de la “polarización” del mercado de trabajo y la “desnaturalización de los sistemas de protección social”.

     

    En ese sentido, desde el ámbito de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se señala que “responder a esos retos y hacer realidad los principios y derechos fundamentales en el trabajo requiere voluntad política, una gobernanza eficaz del mercado de trabajo y un diálogo social incluyente”, con el fin de maximizar los beneficios y minimizar los riesgos derivados del cambio.

     

    El Periódico, Cinco Días